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¿Sabías que tus manos pueden albergar más de mil bacterias por centímetro cuadrado?

El lavado y secado correcto de manos es una práctica sencilla que puede marcar una diferencia crucial en la salud de toda la familia, sobre todo en espacios compartidos como el hogar.

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Hasta 1.500 bacterias pueden habitar en un centímetro cuadrado de piel cuando no se realiza una higiene adecuada, según datos de Unicef. A pesar de que el lavado de manos es una de las prácticas más efectivas para prevenir enfermedades, aún muchas personas no le dan la importancia necesaria.

De acuerdo con WaterAid, una buena rutina de lavado con jabón puede reducir hasta en un 30 % la incidencia de diarreas y cerca del 23 % las infecciones respiratorias agudas. Además, representa una estrategia de salud pública de bajo costo y alto impacto para evitar brotes de enfermedades como el cólera, la disentería, la hepatitis E o incluso el SARS y la COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud también ha enfatizado la necesidad de reforzar esta práctica debido al constante contacto con superficies contaminadas. Sin embargo, advierten que el lavado no es suficiente si no va acompañado de un secado adecuado.

Investigaciones recientes señalan que las manos húmedas pueden alojar hasta mil veces más bacterias que las manos completamente secas, lo cual las convierte en un medio de propagación de microorganismos. En ese sentido, el secado de manos ha cobrado relevancia como una etapa crítica en la rutina de higiene personal y colectiva.

En respuesta a esta necesidad, Kimberly-Clark Professional ha desarrollado soluciones de higiene que integran tecnología para mejorar el proceso de lavado y secado. Entre sus productos destacan jabones en espuma Kleenex, jabones en spray Scott y toallas de papel con tecnología AIRFLEX. Esta tecnología incorpora cámaras de aire entre las fibras del papel, lo que permite absorber más agua con menor cantidad de material, haciendo el secado más eficiente y rápido.

El uso de toallas de papel, además, reduce la exposición a superficies de uso común como grifos o manijas de puertas, ayudando a minimizar el riesgo de recontaminación tras el lavado.

Expertos en salud pública insisten en que adoptar estos hábitos sencillos, como el lavado con jabón, un buen secado y el cuidado al tocar superficies compartidas, puede reducir considerablemente los contagios en comunidades, escuelas, centros de trabajo y hogares.

La evidencia científica respalda que una higiene de manos efectiva requiere tanto de consciencia como de soluciones adecuadas. En un contexto donde las infecciones emergentes y reemergentes están en constante circulación, promover esta práctica no es una recomendación, sino una medida clave para la salud colectiva.

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