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Retos de la educación: cómo guiar a los jóvenes ante la IA
El verdadero desafío para el futuro de los estudiantes radica en desarrollar capacidades humanas que la tecnología no puede reemplazar.
El verdadero desafío educativo radica en enseñar el uso de la inteligencia artificial con criterio
La irrupción de diversas herramientas de inteligencia artificial generativa ha transformado por completo la forma en que los estudiantes y los profesionales acceden a la información en la actualidad. Si bien hoy es posible obtener respuestas automatizadas y resúmenes completos en cuestión de segundos —una realidad que abre nuevas oportunidades para el aprendizaje—, este avance también plantea desafíos significativos para la educación superior. Frente a este panorama, las instituciones académicas se ven obligadas a reconfigurar sus metodologías didácticas para asegurar que la adopción tecnológica no sustituya los procesos cognitivos fundamentales.
En este contexto de transformación digital, las autoridades universitarias sostienen que el debate no debería centrarse en la prohibición de estas plataformas, sino en guiar a los jóvenes para utilizarlas de manera responsable. Jonathan Golergant, rector de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP), señala que la discusión actual ya no pasa por determinar si los alumnos deben emplear la tecnología o no. El verdadero reto para el sistema educativo consiste en enseñarles a interactuar con los sistemas automatizados con un sentido crítico agudo, logrando una comprensión profunda de sus alcances operativos y de sus limitaciones intrínsecas.
¿Cómo afecta el uso pasivo de la tecnología a la mente?
La dependencia desmedida de las soluciones informáticas puede generar consecuencias negativas en el desarrollo intelectual. Diversas investigaciones recientes sugieren que una interacción excesivamente pasiva con los modelos de lenguaje inteligente podría afectar de forma directa los procesos biológicos y cognitivos vinculados con la reflexión, la retención de la memoria y la construcción autónoma de ideas propias. Aparte de reducir el esfuerzo analítico, este hábito adormece la capacidad de cuestionamiento natural del estudiante.
Frente a este riesgo de automatización del pensamiento, las universidades asumen la responsabilidad directa de robustecer las competencias humanas esenciales. Si bien la tecnología digital es un soporte de alta eficiencia para optimizar tareas, la capacidad de interpretar contextos complejos o tomar decisiones éticas sigue siendo un patrimonio exclusivo de las personas.
«La discusión ya no pasa por si los estudiantes deben usar inteligencia artificial o no. El verdadero desafío es enseñarles a utilizarla con criterio, entendiendo sus posibilidades, pero también sus limitaciones», señala Jonathan Golergant, rector de la UTP.
¿Cuál es la relación entre el pensamiento crítico y la empleabilidad?
A medida que las tareas más rutinarias y mecánicas de las industrias son absorbidas por algoritmos, los perfiles profesionales requeridos por las organizaciones sufren un cambio drástico. La ventaja en el mercado laboral ya no pertenecerá a quien acumule datos, sino a quien demuestre habilidades blandas avanzadas.
- Formulación de preguntas: Capacidad para interrogar a los sistemas de forma inteligente y estructurar consultas precisas.
- Evaluación de calidad: Competencia para verificar la veracidad de la información y filtrar sesgos o errores algorítmicos.
- Resolución de problemas: Aptitud para ejercer criterio propio ante escenarios dinámicos y entornos de negocio cambiantes.
¿Cómo deben preparar las universidades a los jóvenes para el futuro?
«La inteligencia artificial puede ayudarnos a ser más eficientes, pero no puede reemplazar nuestra capacidad de cuestionar, interpretar contextos o tomar decisiones complejas. Esas seguirán siendo competencias profundamente humanas», explica el rector de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP).
El reto de las casas de estudio no es competir con el avance de los procesadores, sino potenciar aquello que las máquinas no pueden replicar. Preparar a la juventud para las próximas décadas va más allá de adiestrarlos en el manejo de un nuevo software. Significa dotarlos de un marco ético y analítico sólido que les permita emplear las plataformas tecnológicas orientando su rendimiento hacia la generación de valor real para la sociedad.

