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La afección silenciosa que no avisa y daña tus órganos vitales

Dolores de cabeza intensos y visión borrosa pueden ser alertas corporales de que la presión alta está comprometiendo tu bienestar general.

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La hipertensión arterial constituye una de las afecciones más comunes y difíciles de combatir debido a su evolución silenciosa. A nivel global, entre el 8% y el 13% de las personas bajo tratamiento médico no consigue regular sus niveles sanguíneos, una condición clasificada técnicamente como hipertensión resistente. Este escenario se complejiza en el Perú, donde la dolencia afecta a más de 5 millones de ciudadanos. El mayor desafío radica en que la mitad de los afectados desconoce su diagnóstico, consolidando esta situación como un problema de salud pública crítico y subestimado en el territorio nacional.

El impacto geográfico y demográfico de la enfermedad muestra asimetrías marcadas en el país. Los hombres registran una prevalencia mayor, equivalente al 20,9%, frente al 17,8% detectado en las mujeres. Asimismo, la Costa norte y sur concentra los índices más elevados con un 20,2%, seguida por la región de la Selva con un 18,2% y la Sierra con un 17,8%. La ausencia de manifestaciones clínicas dificulta la detección oportuna, lo que puede provocar daños severos y prematuros en estructuras vitales si no se interviene a tiempo.

¿Qué riesgos orgánicos enfrentan las personas con hipertensión resistente?

El diagnóstico tardío de la variante resistente expone al organismo a un deterioro acelerado. De acuerdo con las precisiones brindadas por el doctor Rubén Romero, presidente de la Sociedad Peruana de Hipertensión Arterial, la falta de control terapéutico daña los vasos sanguíneos de forma prematura. «Más del 90% de los pacientes no presenta síntoma alguno», advierte el especialista. El peligro es alto porque, al no recibir asistencia adecuada, se comprometen el corazón, el cerebro, los riñones y los ojos, elevando la probabilidad de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares o insuficiencia renal crónica.

La tasa de prevalencia de la modalidad resistente se incrementa en grupos específicos con patologías de fondo. El indicador sube al 22,9% en individuos con insuficiencia renal crónica y supera el 50% en personas que han recibido un trasplante de riñón. El especialista enfatiza la necesidad de vigilar a este sector de la población:

«Hay que estar muy atentos porque estos son los pacientes que más peligros enfrentarán, ya que tener cifras no controladas de presión arterial hace que los órganos se dañen mucho más prematuramente».

¿Qué alternativas médicas y tecnológicas se aplican en el país?

Cuando la presión alcanza niveles críticos, el cuerpo emite alertas de urgencia que incluyen cefaleas severas, dolor en el pecho, náuseas, falta de aire y adormecimiento en las extremidades. El doctor Romero señala que los tratamientos son individuales y demandan revisiones periódicas. Aparte de los esquemas tradicionales basados en fármacos como betabloqueadores, diuréticos y bloqueadores del sistema renina-angiotensina, el Perú cuenta con innovaciones de tecnología médica especializada.

Para los casos resistentes donde no se ven resultados positivos pese al uso de tres fármacos a dosis máximas, una alternativa de vanguardia es la denervación renal. Este procedimiento mínimamente invasivo mitiga la actividad del sistema nervioso simpático, logrando una reducción significativa y sostenida de la presión. Esta opción tecnológica ya se encuentra incorporada tanto en el sector público como en el privado del país.

¿Cómo realizar una medición correcta de los niveles arteriales en casa?

La única forma certera de verificar el estado de salud cardiovascular es mediante el uso de un tensiómetro automático de brazo. Todas las personas deben evaluarse al menos una vez al año, incrementando la frecuencia si existen antecedentes de historial familiar, sobrepeso, sedentarismo o hábitos de tabaquismo. El valor de referencia normal debe situarse por debajo de los 130/80 mmHg.

Para asegurar un registro confiable, el paciente debe sentarse con la espalda recta, apoyando el brazo a la altura del corazón y guardando reposo por cinco minutos. Es necesario evitar el ejercicio, el alcohol o el café durante los 30 minutos previos. Lo recomendable es efectuar tres tomas sucesivas con un minuto de intervalo, anotando el promedio de los dos últimos valores. Este protocolo, ejecutado por la mañana y por la noche durante 7 días, facilita un seguimiento médico preciso. Si la lectura llega a superar los 180/110 mmHg, se debe acudir a emergencias de inmediato por riesgo de una crisis hipertensiva.

El doctor Romero concluye que el control efectivo combina la medicación con actividad física regular y pautas de nutrición bajas en sodio: «Es una enfermedad que no duele, no avisa y no perdona. La única defensa es conocerla a tiempo y tratarla adecuadamente».

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