DOMINGO, 19 de Agosto de 2018

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04/02/2013

Valiente nariz roja

Wendy Ramos tiene 46 años. De niña quería ser profesora o doctora pero terminó estudiando comunicaciones. La actriz de ojos verdes siempre está luchando contra su ego y nunca imaginó lo que está viviendo ahora.
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No existe ningún letrero que indique que es la casa del grupo “Bola Roja”, pero todos en el vecindario saben que en ese lugar el mundo del ‘claun’ posee su espacio creativo. Desde el ingreso percibí un ambiente agradable, provisto de buena onda y mucha energía. Luego, al seguir caminando por la casa observé a cuatro muñecas sentadas confortablemente en un sillón. Nadie las toca, tampoco las ignoran. Solo dejan que estén allí, testigos de una cotidianidad destinada al arte. Al poco tiempo de haber estado observando este sitio, escuché unas risas. Wendy Ramos bajaba la escalera con buen semblante y dispuesta a revelar el porqué de su vocación. Un viaje a través del tiempo que nos acercará a la mujer más famosa del Perú, con ustedes: Wendy Ramos.
 
Al encuentro de la vocación

Es imposible saber cuándo encontraremos nuestra vocación, para Wendy ese descubrir tampoco fue fácil, tal como nos comenta: “cuando terminé el colegio no sabía que estudiar, quería ser maestra y luego doctora. Mira tú, ahora soy las dos cosas, doctora Bola Roja y maestra de ‘claun’. Para aclarar el panorama, me hicieron un test vocacional y salió comunicaciones. En esa época, pocos sabían de qué trataba esa carrera y solo se dictaba en la Universidad de Lima. Me metí sin saber y fue una decisión maravillosa”.

A pesar de lo maravilloso que le resultaba las comunicaciones le fue difícil trabajar en prensa y televisión, “lo que ocurre es que en ese momento empezó a chocar todo lo que me habían enseñado en la universidad con lo que hacía en el trabajo. En la universidad nos decían: ¡vamos a transformar el mundo! Mientras, que en el trabajo me decían: ‘Pon el video de los senos de Sabrina porque vende’.  Además, sentía que ese trabajo lo podía hacer cualquiera, yo buscaba algo más pero no sabía qué”. 

La mirada del ‘claun’

Verla siempre sonreír nos mantiene a preguntarnos ¿es motivador ser un ‘claun’?, Wendy mira alrededor, suspira y nos cuenta: “es transformador. Me abre los ojos y hace que vea la vida de otra manera. Tengo 20 personas con las que estoy remando y siempre vemos lo positivo para todos, y cuando salen, el ‘claun’ también transforma a otros; es como una cadena”.

Esa cadena como lo manifiesta, al igual que todo en la vida, es cambiante, trabajó con muchos compañeros en el teatro, la radio y la televisión; Wendy considera que va quemando etapas y considera que no haría dos veces el mismo trabajo con ellos, “no creo que volvamos a reunirnos.  Mi “payasa” ya no es la misma que actuaba en Pataclaun, que era más doble sentido. Si hiciéramos algo como con lo que empezamos, lo pensaría mil veces antes de aceptar. A pesar de ello, haría ‘claun’ hasta viejita. El ‘claun’ mientras más viejo más lindo porque le importa menos todo”.

El poder de la “Bola Roja”

El trabajo de Wendy requiere estar en contacto con casos muy fuertes emocionalmente,  tanto que requiere de una preparación sicológica para poder visitar a los pacientes, ¿es duro eso? “no es sencillo, voy desde la alegría, como ‘claun’. Si fuera como Wendy, sería fuerte el impacto y tendría que ir a terapia. Pero mi “payasa” mira a la persona, no ve la herida. Por ejemplo, ahora estoy viendo pacientes terminales y cuando te enteras que ya murió es un poco imprescindible”. 

Nos imaginamos que el trabajo de “Bola Roja” es constante, ella (Wendy) quisiera que sus sueños se hagan realidad “me encantaría que hubiera bola roja en otras ciudades, pero sé que es bien complicado. Tendría que conseguirme un financiamiento y tener a alguien que este allá para levantar el proyecto y replicar la misma calidad”, algo tal vez imposible como lo manifiesta pero alcanzable en algún momento.

El tiempo es mezquino para esta niña grande que solo quiere divertirse. Su asistente le dice que su taller comenzará en cinco minutos, lo que nos indica que la función ha terminado. Nos abrazamos y despedimos como si la volviéramos a ver. En la sala hay varios jóvenes que parecen hermanos, conversan y  esperan ansiosos a su mamá, Wendy Ramos. 

Escribe Flory HUACCAN CARHUALLANQUI

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