DOMINGO, 21 de Octubre de 2018

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30/01/2014

La experiencia de vivir un día sin celular

Puede parecer complicado y demandar mucho esfuerzo de nuestra parte, pero si no nos tomamos un tiempo para observar las cosas de la vida que están más allá de la pantalla del móvil, nos estamos perdiendo de mucho.
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No es un secreto que, en nuestros tiempos, casi todos los aspectos de la vida se encuentran automatizados o restringidos a ciertos tipos de interacciones impersonales y superficiales. Cosas que antes solo se podían hacer en persona ahora son una opción dentro de una pantalla.

Y, por si no fuera suficiente pasar más de siete horas frente a un monitor de computadora, las pantallas continúan cuando salimos del trabajo, cuando nos juntamos con nuestros amigos o visitamos a nuestras familias. Y es que desde los celulares aparecieron en la escena, ese pequeño espacio de tiempo en el que levantábamos la cabeza para mirar a nuestro alrededor parece haberse perdido.

Pero bueno, detengámonos un momento para analizar la situación: ¿Hacia dónde nos dirigimos con todo esto? ¿Son reales todas esas interacciones? ¿Puede el mundo real (ese que se ve y se toca) entrar dentro de ese diminuto cuadrado frente a nosotros? ¿Puede incluso reemplazarlo? ¿Nos estamos perdiendo de algo por no mirar las cosas directamente en vez de a través de ese filtro?

Es muy fácil averiguarlo. Toma el celular un día luego de levantarte, apágalo y guárdalo dentro de algún cajón y olvídate de él por las próximas 24 horas. Sal de tu casa, continúa tus actividades, intenta interactuar con las personas con las que siempre te comunicas, busca contacto visual, físico.

Seguramente notarás la gran diferencia que existe cuando dos personas se miran al rostro al hablar. Pero ahora ve un poco más lejos: Sal de la oficina o de tu casa y camina por la calle, mira las tiendas, entra a algunas, escabúllete hacia un parque y detente un momento a observar los árboles, a sentir la brisa que recorre sus hojas y se lleva los sonidos del tráfico.

¿Notas la diferencia? Prueba detener a un extraño y pregúntale la hora, intenta sonreírle luego de que te la da y finalmente agradécele. ¿No sientes algo? Quizás luego podrías visitar a algún amigo de improviso, tomar un bus hacia cualquier lugar o simplemente sentarte sobre el césped y ver cómo el tiempo pasa. 
Pruébalo algún día y luego analízate a ti mismo. Es seguro que encontrarás muchas respuestas.  

Escribe Carlos GUERRERO ARGOTE

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