JUEVES, 26 de Abril de 2018

Travellers

18/07/2013

Trujillo, ciudad que traspasa fronteras

La ciudad de la eterna primavera nos invita a vivir una experiencia mágica en donde la única consigna es regresar. Súbanse al caballito de totora, agarren fuerte su pañuelo y déjense sorprender con todo lo que Trujillo ofrece.
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En la calurosa tierra de Trujillo la Marinera no se baila, se siente. Esta danza forma parte del estilo de vida de sus ciudadanos y se ha convertido en una vitrina viviente de tradiciones. Así te recibe Trujillo… al ritmo de marinera y con los brazos abiertos. 

La ciudad de la eterna primavera, ubicada al noreste del Perú y próxima a las costas del océano Pacífico, es reconocida por su gran patrimonio cultural que no solo se aprecia en su arquitectura, su danza y su comida, sino también en sus calles que cobran vida propia.

La primera parada de este recorrido es La Plaza Mayor de Trujillo, que es como el centro de la ciudad y un punto obligatorio si deseas hacer turismo. En medio de esta plaza  se encuentra el monumento de la Libertad, una escultura barroca de mármol del alemán Edmundo Möeller,  que honra y embellece la ciudad desde que se declaró su independencia. 

Pero eso no es todo, la Catedral de la ciudad de Trujillo, ubicada al frente de La Plaza Mayor, conserva valiosas obras de arte que se exhiben a vista y paciencia de sus visitantes. 

En esta ciudad no es raro encontrar una academia de marinera en cada esquina. Extranjeros, limeños, ayacuchanos, y de todos los rincones del mundo, quieren aprender a zapatear y mover el pañuelo con elegancia. Durante el mes de enero, cientos de bailarines y aficionados se reúnen en Trujillo para el Concurso Nacional de Marinera; todos con sueños en las maletas y dispuestos a entregar alma y corazón en la pista de baile. Ahora, el Coliseo Gran Chimú recarga energías y se alista para coronar a los próximos campeones de esta danza bandera.  

La segunda parada de este recorrido está a unos cuarenta minutos en bus y veinte en auto, desde el centro de Trujillo. El balneario de Huanchaco te envuelve con su brisa y te canta al oído con cada ola que rompe en la orilla. 

A lo lejos puedes observar los famosos “caballitos de totora”, balsas tradicionales utilizadas por pescadores desde la época precolombina, que se esconden bajo el reflejo de sol que calienta esta mañana. Ya es medio día, y el aroma de un seco de cabrito que se sirve en la cocina, nos llama a la mesa. 

Almorzar frente al balneario de Huanchaco no tiene precio. Un seco de cabrito con frejoles o quizá un arroz con mariscos, un ceviche, un pescado a la trujillana o un 'Shambar', acompañado de su chica morada o su chica de jora… todo es delicioso en Trujillo. 

Esta playa es la preferida por gente que simplemente quiere vivir bien o los amantes de las olas que se enamoraron de la gente acogedora del lugar. Ya de regreso al hotel, me detengo a comprar alfajores, rosquitas, chifles y un King Kong San Roque para endulzar el camino.

La tercera parada de este recorrido queda en el valle de Moche. La gran Ciudadela de Chan Chan, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, es el centro urbano más grande de América prehispánica que alberga historia y tradición. 

En la zona, encontrarás templos piramidales, reservorios, calles y plazas; así como el museo de sitio en donde se exhiben importantes piezas de la cultura Chimú. Además, podrás llevarte a casa un recuerdo del lugar, ya saben el ingenio y creatividad de los artesanos está siempre presente. 

Trujillo ofrece innumerables actividades y atractivos turísticos que el tiempo no alcanza, pero ya estando en la ciudad descubrirás tu propio circuito de aventuras. Mi corazón se quedó en el norte, acogido por gente amable, embelesado por la belleza de su cultura y conquistado por una gastronomía de primer nivel. Yo quiero regresar, ¿y tú?

Escribe Flory HUACCAN CARHUALLANQUI

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